Muchas voces claman como una sola
Sigo escuchando susurros en la oscuridad. Son tenues. Distantes, pero amplificados... Innumerables. Estratificados. Como un eco que responde a su propia invocación. Como un velo que se pliega sobre sí mismo una y otra vez.
Cuando trato de deshacer esos pliegues, siento que mis dedos rozan piel sobre piel; piel donde jamás debió haberla.
Algo que crece sin cesar y nunca deja de crecer, repintándose a sí mismo con nueva materia. Algo con muchos rostros y muchas bocas que lloran al mismo tiempo.
Se mofa, engaña, parlotea.
Cuna cenicienta finalmente ha podido conmigo.
Los demás cayeron ante el Velo (o se entregaron a él) hace ya mucho tiempo... Para mí, el golpe definitivo ha sido este calor abrasador... y todas estas voces.
Durante mucho tiempo fui incapaz de ubicarlas. Sabía que no eran mías. Tampoco pertenecían a mis compañeros ni a mi señor...
Hasta que me di cuenta. Cuando el nómada habló, levantando su puño junto al costado derecho de Vorgoth, lo escuché.
Escuché la voz de los susurros, fragmentada entre innumerables bocas.